lunes, 25 de julio de 2011

El resto es historia, pero de amor.

...La sangre recorría mi cuerpo con más intensidad que nunca, mi corazón daba saltos, una inmensa alegría se veía venir, la historia de una buena noticia estaba llegando, estaba al rededor de nuestros cuerpos.

Dimos tantos rebotes de pensamientos, creyendo que saldríamos de aquella noche sin ser reconocidos. El plan esa noche era pasar desapercibidos, rozarnos los cuerpos toda la noche huyendo. Huíamos, pero sabíamos que algo nos iba a alegrar, sería esa noche, sería el próximo día, pero sería algo que sin duda alguna sucedería.

El amanecer estaba alertando a nuestros parpados de que debíamos despertar y correr lejos de aquel frío lugar, al levantarnos sentíamos que nuestras pieles estaban teniendo una extraña reacción, SI! Estabamos temblando, la energía que nos recorría era increíble. Caminamos, sin sentido alguno de a dónde nos dirigíamos, nuestros pies estaban descalzos. Empezamos a sentir unas, dos o tres pullas pisar, habían piedras en el suelo, y debíamos seguir nuestro camino pisándolas.

Pasaron horas, más horas y el sol ya había salido, nuestras miradas inmediatamente se dirigieron al mar, no teníamos más ropa, y la idea de entrar al agua con prendas nos emocionaba, así que corrimos al mar, abrimos nuestros brazos y dejamos que el viento nos cegara por un rato, dejamos que nos llevara lentamente a caer, caímos con los ojos ya cerrados y sonriendo, el agua estaba fría y de pronto se nos quitó el hambre que teníamos, podíamos durar veinte soles allí y ser felíces.

Algo ocurrió, nos levantamos porque la presión del mar casi nos lleva, observamos a lo lejos y vimos un punto negro, ese punto se hacía más grande, tres minutos después vimos un barco acercarse, nuestros ojos resplandecían, otros lloraron de alegría, lo primero que hicimos fue gritar, el barco en realidad, ya se acercaba desde hace minutos hacia nosotros, no valía la pena gritar, se asomó un pequeño niño, de ojos azules y cabello rubio y lacio, llevaba un traje de marinero, y nos sonreía, hizo un gesto de saludo, yo esbozé una sonrisa y le devolví el saludo, estaba encantada de tanta belleza en un pequeño, pero de repente.. Un alma apareció trás él, lo que ví no era un hombre, era un ser inimaginable, tenía el cabello de un marrón claro, ojos verdes y una perfecta sonrisa, cuerpo perfecto y nos sonreía también, el hombre inmediatamente bajó del barco y nos rogó que fuéramos con él, que él nos ayudaría a volver, todos gritamos y nos abrazamos, pero yo seguía hipnotizada con el hombre, todos comenzaron a subir al barco, yo fuí de última, y él tomó mi mano y me dió un beso en mi mejilla, me abrazó y me dijo unas palabras dulces que me tranquilizaron, mi corazón esta vez no saltó, casi se va de allí a abrazarlo a él también, navegamos al ritmo del viento, y el resto es historia, pero de amor...

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